02 julio 2015

Los años de Allende, una novela gráfica

El valor del soporte en el libro

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Los años de Allende – Novela Gráfica, tiene esa bajada de título para guiar al lector temeroso del formato historieta, desde un género que, hasta el éxito de Al sur de la Alameda de Lola Larra y Vicente Reinamontes había permanecido solo en los estantes de la fanaticada del cómic, hasta un concepto que le es menos hostil (e infantil). El de la novela. 

La novela gráfica, desde los clásicos, es un género literario que a ratos produce controversia por sus borrosos límites. Borrosos y modificables, como cuando se corre un cierre en el terreno del vecino para ganar un par de metros. Pero, para no ir más lejos en las discusiones formales, la novela gráfica es una historieta larga, que se cierra en sí misma –no le siguen más números, por lo general- y puede o no tener texto escrito. Lo que sí siempre tiene es el texto visual, a veces como viñeta, a veces como plano cinematográfico, a veces como una ilustración. 

Los años de Allende, con textos de Carlos Reyes e ilustraciones de Rodrigo Elgueta, ambos con amplia trayectoria en el género, aborda los tres años que duró el gobierno de Salvador Allende desde la perspectiva de un protagonista norteamericano, corresponsal periodístico. En esos años existieron muchos periodistas corresponsales en Chile que vinieron, antes, durante y después, a documentar lo que se consideraba el “experimento socialista” que se llevaba a cabo en nuestro país a través de la democracia y no de las revoluciones armadas. De inmediato se vienen a la cabeza Charles Horman, famoso por el filme de Costa-Gavras Missing (1982), el argentino Leonardo Henrichsen o, posteriormente, el australiano David Bradbury con su documental Chile ¿hasta cuándo? (1987), recién estrenado en el país el año 2012. 

Asistimos, entonces, a la mirada documental de un otro. Es esto lo que han dejado traslucir los autores al referirse en entrevistas sobre el detallado estudio documental que realizaron durante dos años. Una estrategia para objetivar el discurso, aunque este sea imposible de objetivar. 

Por lo tanto, Rodrigo Elgueta no se dedica solo a copiar las imágenes que ya muchos tenemos grabadas en el almacén de imágenes históricas de Allende y el golpe. No habrían muchos motivos para hacerlo, Internet está lleno de esas imágenes. Él activa ángulos, puntos de vista, planta detalles como evidencias y presenta una concatenación de imágenes estratégicas muy bien articuladas dentro de esa simbiosis que propone ser la novela gráfica. 

Al mismo tiempo, Carlos Reyes, a la manera de esas notas de colores que se utilizan para recordar los capítulos de un libro, va urdiendo la trama verbal, también apegado al documento. Pero, él ha dicho que llega un momento en que, ante una gran cantidad de documentación, se debe elegir, seleccionar o eliminar tal o cual documento para incorporarlo al discurso. ¿Qué nos proponen, entonces? 

Los años de Allende no es un libro de historia. Es un libro que cuenta una historia. De la forma más amplia que los autores han querido. Pero ¿acaso al lector le interesa que esa manera sea amplia? ¿O espera una consigna tras cada página, una bandera, una voz transmitida por la radio? ¿Un discurso inspiracional? 
Créditos foto: Revista Capital


Acá la justificación para que el libro exista es su formato, el de novela gráfica. Al estilo de Maus, de Art Spiegelman, o Persépolis, de Marjane Satrapi, Los años de Allende narra desde el soporte de la historieta nuestra historia, la más cercana, la más cruenta, la más difícil de comprender. ¿Es más fácil de comprenderla dentro de este soporte? La pregunta queda abierta. Aquello que hace nacer la pregunta es, finalmente, lo que sostiene el valor del libro, de sus autores y de la editorial. 

Por sobre todo, sí es un buen libro para que el público juvenil –ese target tan viscoso- se acerque a esta parte aún fresca del Chile que somos todos hoy. Como lo hacen constantemente en Argentina, por ejemplo, con libro preciosos para niños, jóvenes y adultos, sobre el golpe de Estado o las Abuelas de Mayo. Otro punto más para Editorial Hueders

¿Qué decir de los autores? Bueno, ellos ya vienen de vuelta. Hace rato saben bien lo que hacen.

2 comentarios:

  1. Gracias por tu reseña Úrsula. Sobre todo por las interrogantes que planteas.

    Carlos Reyes G.

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    1. Por favor ¡No faltaba más! Las preguntas siempre son las que nos aquejan, liberan y unen.

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