05 marzo 2015

La herida: adelanto de Antología Autobiográfica de Manuel Rojas

Antes de entrar de lleno en la reseña Ex Libris de esta joyita que me encontré en la playa –aún no termino de leerla- necesito decir algo sobre La herida, un capítulo de su obra más conocida y querida Hijo de ladrón.

La herida es un capítulo que por sí solo ha dado para ensayos, artículos y hasta tesis, según vi por ahí en una búsqueda rápida que hice en Google. Diamela Eltit tiene un artículo genial. No es para menos. Es, definitivamente, el mejor capítulo, en un libro que ya es de los mejores de la literatura chilena.

Cuando leí el libro, como la gran mayoría de los chilenos, en el colegio, lo disfruté mucho pero no recuerdo esta parte en particular. Sí recuerdo otros detalles que, por la edad y las circunstancias en que fue leído, me quedaron más grabados. Como la parte en que el protagonista no existe porque no tiene documentos. O cuando habla que era habitual encontrar en los porotos que comía en la cárcel, botones, pedazos de tela, palos de fósforos.

Pero ahora estoy leyendo por placer y adicción literaria. Nadie me va a poner nota por aprenderme los nombres de los personajes. Y el libro se va llenando de lengüitas autoadhesivas de colores neón con las cuales voy marcando aquellos párrafos donde el pecho se me aprieta bajo la evidencia de las palabras. O donde encuentro alguna genial artimaña con que Rojas va armando su monstruo maravilloso.

La herida es un capítulo en letra cursiva y encuadrado entre paréntesis. Con esto, Manuel Rojas propone graficar la corriente del pensamiento de su protagonista Aniceto Hevia. No hay puntos apartes. ¿Quién piensa con puntos apartes? Es un gran y pesado trozo de materia literaria que se pasea por el sombrío laberinto de la miseria, en todas sus versiones, en todas sus dramáticas posibilidades. 

Este capítulo debería, sin duda alguna, ser motivo de análisis para poetas y narradores. Contiene un sinnúmero de señales, secretos, estrategias y aciertos que ya querría cualquier aspirante a escritor serio poder manejar en algún momento de su vida. ¡Yo soy una de ellos!

Me encantaría poder poner en este post el capítulo completo pero por derechos no podría. Así que paso a compartir una selección, injusta, descuidada, egoísta con respecto al todo, para quienes no han leído aún el libro o quieran recordarlo un brevemente. Espero que queden con gusto a poco.

“(Imagínate que tienes una herida en alguna parte del tu cuerpo, en alguna parte que no puedes localizar, y que no puedes, tampoco, ver ni tocar, y supón que esa herida te duele y amenaza abrirse o se abre cuando te olvidas de ella y haces lo que no debes, inclinarte, correr, luchar o reír; apenas lo intentas, la herida surge, su recuerdo primero, su dolor en seguida: aquí estoy, anda despacio. No te quedan más que dos caminos: o renunciar a vivir así, haciendo a propósito lo que no debes, o vivir así, evitando hacer lo que no debes. Si eliges el primer camino, si saltas, gritas, ríes, corres o luchas, todo terminará pronto: la herida, al hacerse más grande de lo que puedes soportar, te convertirá en algo que solo necesitará ser sepultado y que aun podría pasarse sin eso (…)”

“Pero imagínate que no tienes ni la primera ni la segunda herida de que te he hablado, sino otra, una con la que puedes nacer o que puede aparecer en el curso de tu existencia, en la infancia, en la adolescencia o en la adultez, espontáneamente o provocada por la vida. Si naces con ella puede suceder que sea pequeña al principio y no te moleste demasiado, sin que podamos descartar la posibilidad que desde el principio sea grande y te impida, pongamos por caso, hablar o caminar, todo ello sin tener en cuenta el lugar en que nazcas, que puede ser un conventillo, una casa o un palacio (…)” 


“Si la herida puede con todo y con todos y sus efectos no disminuyen sino se mantienen y aumentan con el tiempo, no habrá salvación alguna para ti; salvación no solo en cuanto a tu alma, que estará perdida y que en todo caso es de segunda importancia en el mundo en que vivimos, sino en cuanto todo tú; y ya podrás tener, en latencia, todas las virtudes y gracias que un hombre puede reunir; no te servirán de nada y todo en ti será frustrado: el amor, el arte, la fortuna, la inteligencia. La herida se extenderá a todo ello. Si tu gente tiene dinero, llevarás una vida de acuerdo con el dinero que tiene; si tu gente es pobre o no tienes familia, más te valiera, infeliz, no haber nacido y harías bien, si tienes padres, en escupirles la cara, aunque es más seguro que ya habrás hecho algo peor que eso.”

2 comentarios:

  1. Ese pasaje es increíble. A mí me pasa al revés: es lo que más recuerdo de la novela y lo que más le comento a alguien cuando le hablo de "Hijo de ladrón" para convencerle de que lo lea (los lectores con los que tiendo a relacionarme son muy lejanos a la literatura chilena e hispanoamericana).

    Leeré el artículo de Eltit.

    Saludos, Úrsula.

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    1. Bueno, por este pasaje me he puesto a releer el libro completo. ¡Qué diferentes saben los libros con el tiempo!

      Independiente de la literatura chilena, este pasaje es genial desde todos sus aspectos y los lectores deberían conocerlo, aunque sea solo esta parte... :(

      Abrazos!

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