10 febrero 2015

Ex libris: Di su nombre, Francisco Goldman



Título: Di su nombre 



Serie: Narrativa Sexto Piso

Edición: Primera Edición 2012, México

Título original: Say Her Name (2011)

Traducción: Roberto Frías

Miro, escruto y analizo una a una las olas que tengo frente mío, en la playa Las Pocitas de El Quisco. Ahora la marea está muy picada, levantada por el viento brusco de la tarde que me ha obligado a ver la puesta de sol desde dentro de la cabaña –el crujido de las maderas golpeadas por el viento engañan a mi percepción y por segundos siento estar en Punta Arenas-. 

¿Cómo se habrá visto y oído la ola esa que atrapó a Aura Estrada? Esa ola que la hundió mientras se bañaba en la playa mexicana de Mazunte y que, horas más tarde, le produciría la muerte. Esa ola que detonó la tragedia y que, años más tarde, termina reventando una y otra vez en este libro que tengo en mis manos. No lo sé de verdad. Solo me queda confiar en las obsesivas descripciones de Francisco Goldman para tener un poco de certeza.

Este libro no es la novelación de un hecho real, como Capote lo hiciera magistralmente en A sangre fría, sino más bien un recorrido narrativamente onírico por los recuerdos, perturbadoramente registrados, enumerados, clasificados y puestos en un relato que intenta ser el documento literario de una relación, la del escritor norteamericano Francisco Goldman y la estudiante mexicana Aura Estrada. Todos los elementos que forman parte de este relato sabemos, de antemano, son verídicos, y el contrato nos obliga a creerlo. Pero esta sentencia es lo más difícil de llevar del libro, pues el narrador es el mismo Goldman que busca y rebusca los caminos que le lleven de nuevo a su esposa muerta y que, de pasada, involucren al lector dentro de su historia tan personal. Aquí lo ayuda su oficio de periodista, corresponsal de varias guerras que, en esta ocasión, debe enfrentarse a la tragedia personal para dar cuenta de ella y sus profusos de detalles. Como por ejemplo el capítulo donde redacta el estudio minucioso que realizó sobre las olas, solo para lograr entender aquella ola que le arrebató a su esposa.

Este libro también lo encargué a México, porque leí la reseña en la misa revista Paula -que buena reseñista es Marcela Fuentealba-, así que imagino que debe haber más de una forma de encontrarlo en Chile. Como en la reseña anterior, recomiendo consultar el catálogo de Bibliometro al respecto. Sexto Piso ya es una de mis editoriales favoritas.

Comencé a leer este libro hace meses, a penas lo recibí. Pero no pude seguir porque me dio un poco de angustia el trabajo mnemotécnico al estilo Funes que el autor estaba realizando. El lector debe tener paciencia para avanzar en el texto. Con saltos temporales, tal como se mezclan los recuerdos con los sueños, Francisco Goldman comparte su propia angustia del recuerdo ¿cómo hacer para no perder ni un segundo de su vida junto a Aura? Miles y miles de horas de un amor que ya solo tiene un individuo y se comienza a diluir lentamente en la incapacidad humana por recordarlo todo, pero que Francisco pretende perpetuar en sus páginas, a cómo de lugar, a pesar de todo, incluso por encima de la verdad. Él mismo se cuestiona varias veces ¿esto o aquello fue así o lo inventé? La pregunta más tenebrosa que puede existir para quien ha experimentado una pérdida: eso que hicimos, aquello que me dijo una vez, ¿fue tal cómo lo recuerdo? ¿O, acaso, la fantasía del tiempo ha reelaborado el relato para poder recordarlo a mi gusto? Todas estas son preguntas que terminan por ser aplastadas por las olas incesantes de los hechos: Aura está muerta, Francisco está viudo. Nada cambiará.


Formado por capítulos numerados que son más bien unidades independientes, notas individuales, cada una con vida propia, pero que juntas arman un solo relato. Pero qué más puede ser la vida que ese conjunto de sucesos aglomerados uno sobre otro a los que intentamos dar una línea narrativa que le dé sentido, para uno mismo y para los demás.

“UNO

Aura murió el 25 de julio de 2007. Volví a México para el primer aniversario porque quería estar donde había ocurrido, en esa playa del Pacífico. Por segunda vez en el mismo año, volvería a casa, a Brooklyn, sin ella.

Tres meses antes de su muerte, el 24 de abril, Aura cumplió treinta años. Faltaban apenas 26 días para que llegáramos a los dos años de casados.

La madre y el tío de Aura me acusaron de ser responsable de su muerte. Y no es que me considere inocente. Si hubiera estado en el lugar de Juanita, sé que yo también querría ponerme tras las rejas, pero no por las razones que ella y su hermano dieron.

<<De ahora en adelante, si tienes algo que decirme, que sea por escrito>>, eso me dijo por teléfono Leopoldo, el tío de Aura, cuando me comunicó que actuaría como abogado de la madre de Aura en el proceso en mi contra. No hemos hablado desde ese entonces.”

Este libro no lo recomiendo leer en la playa. Menos si uno es de esos lectores esponja que, frente a un buen libro, se ve cooptado, secuestrado, abducido emocionalmente. Y lo digo porque acabo de terminarlo en la playa y este verano con sus olas ya no serán las mismas.

Sin importar la cantidad de premios que este libro recibió ni lo que ellos significan para tipificar la calidad del mismo, lo recomiendo profundamente. Es una bella historia de amor, de esas que duelen.



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