23 mayo 2014

Cuando Alicia es escrita por una chilena: narrativa fantástica nacional

A propósito de “La niña que salió en busca del mar” de Paula Rivera Donoso

No hay plazo que no venza ni deuda que no se pague. Si bien el libro de Paula Rivera Donoso no está recién salido del horno, es un libro al que aún le faltan muchas reseñas para sacarlo de los estantes en donde suelen esconderse las joyitas más preciadas, eclipsadas por la pirotecnia de los grandes conglomerados editoriales. Tampoco es un libro añoso, fue publicado a finales del 2013 por Ediciones Universitarias de Valparaíso PUCV, sin embargo, la ansiedad por la inmediatez editorial –obedeciendo a las reglas del retail y sus novedades exasperantes- desvía la atención de los lectores hacia ejemplares nuevos cada fin de semana, apoyada por las redes sociales, entre otras artimañas. Comienzo mi reseña desde este punto pues he considerado instalar la novela  de Paula Donoso en el ámbito del lector juvenil o, como dicen los norteamericanos, en el perfil young adult, que me parece mucho más interesante, ámbito que más se ha visto explotado por la industria editorial en los últimos años a partir de nuestro amigo Harry Potter. Entonces, no deja de venir a esta reflexión Gemma Lluch y su detallada definición de los mecanismos de adicción que utiliza la máquina editorial para encandilar a los chicos con libros superfluos que se autoplagian como en un enorme juego de espejos. Más aún en el género fantástico, en el cuál la autora posiciona su novela, convirtiéndose, así, en una de las pocas escritoras jóvenes chilenas que están actualmente escribiendo y publicando fantasía desde la trinchera de la calidad literaria. La verdad es que aparte de Paula Donoso solo puedo recordar el nombre de Francisca Solar.

Ya que estamos de acuerdo con respecto a la crítica tajante sobre la que armo mi discurso en torno a la literatura fantástica juvenil, procedo a valorar esta novela por sobre otras. Antes de leer este libro solo conocía el impecable y tremendamente lúcido trabajo de Paula Donoso como crítica y teórica de la literatura fantástica a través del colectivo Fantasía Austral y su blog personal Tierra de Fay –ojo, ahora también se pueden encontrar sus artículos en la web de Fundación Cuatrogatos y prontamente Orbisalia- por lo tanto, ya tenía claro, como lectora, las bases ideológicas de su obra. Pero me faltaba la obra misma, el vuelo, la desconexión, pasar al otro lado del espejo de su mano. Consideré que el mejor momento para poder leer  la novela sería durante mis vacaciones y el mejor lugar, el paisaje tolkiano de las Torres del Paine, pero no lo logré. Y no fue porque yo no quisiera o no tuviera tiempo, entre caminata y caminata, de aferrarme a Adriana, la protagonista, como mi único contacto con el mundo que había dejado atrás al internarme en el parque nacional. No pude porque uno de mis acompañantes en la excursión, un chico de 17 años, me quitó de las manos el libro y fui incapaz de quitárselo. Hasta que se lo terminó.
Al llegar a Santiago le conté de inmediato a Paula Donoso que la mejor prueba de que su libro había llegado a buen puerto era ese, el que un chico lo haya tomado porque sí y no lo haya soltado hasta devorárselo, dejando en él las huellas lodosas y húmedas de su viaje austral. Cuando tocó mi oportunidad de leerlo sabía que sin duda lo disfrutaría. Considerando el punto donde Gemma Llüch llama la atención acerca de la sobreexposición de un protagonista que fagocita la trama, el resto de los personajes y la estructura en la paraliteratura juvenil de moda, Paula Donoso elabora personajes valiosos y entrañables, no arquetipos de cinta de producción industrial, pero sin alejarse de los hitos fundamentales de los personajes adolescentes, sus experiencias, dolores, dudas, ni menos transgrediendo una buena trama para llegar a una historia rápidamente digerible o una estructura de calidad por convertir su libro en un mamotreto de mil páginas vacías.
No me voy a referir más, en esta oportunidad a la trama, a los personajes o a la estructura perfecta de libro, prefiero meterme debajo de él para ser parte de las voces que lo levantan como uno de los primeros emblemas de la fantasía como género complejo, atemporal y consistente de la narrativa de ficción nacional. Está demás decir que espero ansiosa el próximo libro de Paula Donoso como un elixir mágico capaz de alejarme de la pedantería en la que a veces caemos los escritores que trabajamos con la realidad –aunque estoy llena de dudas con esta palabra- para introducirme en el espacio siempre cálido de la fantasía. Quizás, lo único que nos salve de la locura total.



P.D: Pueden encontrarla en Biblioteca Viva Sur para préstamo a domicilio.

2 comentarios:

  1. "Paraliteratura juvenil de moda"

    Esa es la expresión que había estado buscando para dar forma a todos esos libros situados en futuros apocalípticos o distópicos con personajes femenimos "fuertes" pero colgados de las bolas de personajes masculinos-más-masculinos-pero-lindos todavía, llamados Jake, Josh, Jeremy, Jared, entre otros.

    Por otra parte, quisiera recordar que los fantasistas también trabajamos desde la realidad. Como dice tu señora tocaya, puede que los dragones sean más comunes que los osos. Están ahí, en uno, en las honduras del semillero colectivo. Y salen cada vez que nos enfrentamos con lo mejor o lo peor de nosotros mismos. ¿Qué puede ser más real que eso?

    Esta reseña es tan buena que me dieron unas ganas de pasarte uno de los pocos ejemplares que quedan de Schmetterlinge (mi primera novela) :p

    A ver si cuando vuelva a Chile concretamos eso :)

    Un saludo,

    E.

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    1. Emilio, recuerda que el concepto de paraliteratura y todo lo que lo rodea, lo obtengo de Gemma Lluch en su libro "Cómo analizamos relatos infantiles y juveniles" http://www.gemmalluch.com/esp/actividad/analisis-de-narrativas-infantiles-y-juveniles/

      Te anoto con la novela. Ya me la debes.

      Me encanta ser tocaya de Ursula K. Le Guin.

      "Colgados de las bolas". Sí, muy machistas. Pero pasan desapercibidos!

      Gracias Emilio!

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