10 mayo 2012

Breve observación a la literatura juvenil


Presentación

                En el siguiente ensayo se analizará la literatura juvenil desde dos ejes de tensión, literatura juvenil clásica / literatura juvenil contemporánea y literatura juvenil / paraliteratura. Ambas articulaciones han sido propuestas como puertas de entrada hacia la literatura juvenil, entendiendo a esta como un corpus de obras literarias que pueden o no estar dirigidas hacia un público juvenil, pero que sí son aptas para este público. En este sentido, Juan Cervera Borras[1] distingue dos formas principales de instalación de obras literarias aptas para jóvenes, las “ganadas”, esto es, obras que no han sido dirigidas específicamente para un público juvenil pero que han sido apropiadas por este, y las “creadas”, obras escritas para un público juvenil; además incluye una tercera, las obras “instrumentalizadas”, pero para este ensayo solo se tomarán en cuenta las dos primeras definiciones.

                El objetivo de este trabajo es formar y proponer una definición de literatura juvenil desde el punto de vista actual, aplicado al ejercicio de la mediación lectora.


  1. Literatura clásica y literatura contemporánea juvenil

                Esteban Cabezas define a los clásicos de la literatura en general de la siguiente manera: “Un clásico no es un libro antiguo y pasado de moda. Es un libro eterno que no pasa de moda[2] . La escritora Ana María Machado también los define, y de manera más lúdica, diciendo que “podemos decir que un clásico no tiene fecha de expiración, ni pérdida de garantía[3]. Los clásicos de la literatura juvenil son aquellos libros que han sido la predilección de este público desde su publicación o que han sido impuestos a los jóvenes por los mecanismos oficiales escolares como clásicos y que, por antonomasia, se deben leer. Por ejemplo, se puede considerar que Narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe es un clásico juvenil de la literatura ganada que, además, ha sido incorporado a la lista de lectura complementaria escolar y que siempre ha tenido una gran aceptación por parte del público joven. Por otro lado, El cantar de Mio Cid es un clásico de la literatura ganada obligatoria escolar, que no es, necesariamente, una obra que encante a los jóvenes. Y Harry Potter es un ejemplo de literatura juvenil creada, que también fue ingresado a la lista de lectura complementaria obligatoria escolar pero que mucho antes era un libro de tremendo éxito entre los jóvenes y hoy día se considera un clásico. Independiente de los procesos que se hayan accionado para que una obra considerada clásica llegue a los jóvenes o viceversa, los clásicos están presentes dentro de su educación literaria desde todos los flancos y es imposible eludirlos, ya sea porque son obligatorios, porque su presencia ha sido revitalizada mediante nuevas ediciones en formatos  y géneros diversos que llaman la atención de los jóvenes – versiones en cómic o novela gráfica- o porque han sido traídos a la contingencia gracias a otros soportes, como el cine – por ejemplo la versión cinematográfica animada de El Cid, la leyenda (2003) o la de El señor de los anillos (2001)- .


                Tal como afirma Esteban Cabezas, a nadie se le debe obligar a leer nada, y con respecto a los clásicos, esta sentencia tiene más peso si se enfrentan los clásicos a la literatura juvenil contemporánea comercial, que es lo que realmente desean leer los jóvenes hoy en día. Sin embargo, es necesario que los jóvenes conozcan las obras fundacionales de la literatura de las que se alimentan directamente muchos de los libros actuales que tanto siguen, por lo que una buena opción para presentarles los clásicos es a través de los pares de obras, es decir, relacionar las obras contemporáneas con otras más antiguas en las que se inspiraron o con las cuales comparten el tema, por ejemplo, la Saga Crepúsculo de Stephenie Meyer con Drácula de Bram Stoker, Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin con El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien o Los juegos del hambre de Susane Collins con 1984 de George Orwell. Esta estrategia utiliza el conocimiento que ya tienen los lectores jóvenes e intenta hacer entrar en su mundo de preferencias obras que no pertenecen a él y que le son contextualmente lejanas. También puede resultar un arma de doble filo debido a que las obras clásicas no vendrían a satisfacer las expectativas del lector en comparación con la obra contemporánea con la que se relaciona y es en este punto en el que cobra suma importancia la contextualización por parte del mediador.

                Referente al contexto, la tarea del mediador debe ser la de ubicar la obra clásica en el tiempo y el espacio, es decir, entregarle herramientas de comprensión al lector con las cuales pueda abordar la obra y encontrar en ella sentidos. Este trabajo puede ser menos difícil en la medida que los clásicos son más cercanos temporalmente a los lectores, pero siempre se debe tener el cuenta el posible agotamiento a priori que algunas obras clásicas producen en los lectores jóvenes debido a su excesiva exposición. Por ejemplo, el clásico chileno Subterra de Baldomero Lillo, que fue llevado al cine en el 2003, ha sido leído en el colegio por generaciones. Una adecuada re-contextualización de este libro puede hacer que los jóvenes se reencanten con una obra que ya parece agotada en todas sus posibles lecturas.

  1. Literatura juvenil y paraliteratura

En primer lugar, es necesario definir el término paraliteratura para entender la tensión. La siguiente definición del periodista Israel García Pena es muy clara al respecto: “Frente a las obras clásicas literarias se viene hablando en las últimas décadas de una producción literaria, que en la mayoría de los casos,  los críticos y élites intelectuales catalogan como subliteratura, contraliteratura o paraliteratura, una terminología un tanto despectiva. Sin embargo, la paraliteratura tiene una gran importancia en tanto en cuanto canaliza la literatura a través de un mundo mediático donde la globalización y convergencia, a pesar de generar cambios profundos en el texto literario (la mayoría de ellos negativos) amplifica la influencia de este texto abierto a múltiples ventanas y que se muestra ya lejos del hermético elitismo intelectual.”[4] Esta es una explicación sencilla y un tanto condescendiente del concepto de paraliteratura, pero permite encontrar rasgos positivos en la producción paraliteraria, tan popular entre los jóvenes.

La popularidad que cosecha la paraliteratura entre los jóvenes se debe, entre otras cosas, a la facilidad de lectura, los temas atractivos y la multiplicidad mediática, entre otras cosas. Gemma Lluch entrega las pautas para entender este tipo de libros, haciendo referencia a la definición del congreso de Cerisy de 1997 que dice “La paraliteratura contiene más o menos todos los elementos que forman parte de la literatura, excepto la inquietud por la propia significación, excepto el hecho de poner en entredicho el propio lenguaje”[5]. Esta definición teórica especifica la ausencia de sentido crítico en la paraliteratura.

Es un hecho que la paraliteratura está más cerca de los jóvenes que la literatura, porque tal como lo analiza Lluch, utiliza todos los mecanismos del marketing para atraer al lector. Por lo tanto, para el mediador, pueden quedar dos opciones, hacerle la guerra a la paraliteratura degradándola por sobre la literatura o utilizarla como un camino posible hacia ella. En el primer caso, es muy probable que la guerra le parezca injusta, porque la paraliteratura cuenta con un enorme armamento visual que resulta tremendamente atractivo solo de entrada y que, poco a poco, va generando ansiedad en los lectores por preferirla. Sería, casi seguro, una batalla perdida. La segunda opción es la más inteligente, porque el mediador se pondrá de parte de los lectores adictos sin desestimar aquellas obras que ellos sienten más cerca de su realidad que cualquier otra.  Hay que empezar de la base que un joven fanático de la paraliteratura es un joven que, de alguna u otra manera, está leyendo. Así, solo basta el trabajo metódico del mediador para mostrarle a la literatura seria como una opción igual de atractiva para poder entretenerse y, además, experimentar sentidos nuevos que antes no había conocido.

  1. Conclusión

Se ha logrado presentar de manera concisa la literatura juvenil como un fenómeno más que como género. Este fenómeno se manifiesta en las preferencias lectoras de un público joven y en las referencias, a veces impositivas, de los adultos hacia ellos. Por lo tanto, la literatura juvenil es un concepto de límites movibles y difíciles de fijar permanentemente, porque se va adecuando a los tiempos y se ve influenciada por otros fenómenos cada vez más definitorios, como el cine, las redes sociales de Internet, la publicidad, entre otros. Se ha tensionado el fenómeno literario juvenil entre los libros clásicos, los que nunca pasan de moda, y las obras contemporáneas recién editadas  que no cuentan con el aval que les otorga la tradición literaria.

Además se ha diferenciado entre literatura y paraliteratura juvenil, tensionando ambos conceptos en torno a la labor del mediador, quien se supone debe incrementar la calidad de la educación literaria de los jóvenes prefiriendo la literatura seria por sobre la paraliteratura comercial.

En conclusión, desde un punto de vista positivo, las tensiones que se han analizado en este ensayo pueden ser abordadas como grandes posibilidades de promoción de la lectura en jóvenes que no son lectores habituales y como puntos de partida para la invitar a la exploración de nuevos sentidos en los jóvenes lectores, entregándoles herramientas que permitan la formación de un criterio estético literario definido.


  1. Bibliografía

Cabezas, Esteban, Literatura Juvenil, Géneros y autores. Presentación para el Diplomado en fomento de la lectura y literatura infantil y juvenil. Facultad de Educación Pontifica Universidad Católica de Chile – Fundación La Fuente. 2011.

García Pena, Israel. ¿Cuál es la importancia de la paraliteratura? Artículo, La huella digital, revista universitaria. 28 de marzo del 2007. Desde 
http://www.lahuelladigital.com/%C2%BFcual-es-la-importancia-de-la-paraliteratura/

Lluch, Gemma. Mecanismos de adicción en la literatura juvenil comercial. Ensayo, Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Desde http://www.fundaciongsr.org/documentos/7550.pdf

Machado, Ana María. Clásicos, niños y jóvenes. Editorial Norma, Bogotá, 2004.





[1] En Cabezas, Esteban, Literatura Juvenil, Géneros y autores. Presentación para el Diplomado en fomento de la lectura y literatura infantil y juvenil. Facultad de Educación Pontifica Universidad Católica de Chile – Fundación La Fuente. 2011.
[2] Cabezas, Esteban. Op. cit.
[3] Machado, Ana María. Clásicos, niños y jóvenes. Editorial Norma, Bogotá, 2004.
[4] García Pena, Israel. ¿Cuál es la importancia de la paraliteratura? Artículo, La huella digital, revista universitaria. 28 de marzo del 2007. Desde  http://www.lahuelladigital.com/%C2%BFcual-es-la-importancia-de-la-paraliteratura/
[5] Lluch, Gemma. Mecanismos de adicción en la literatura juvenil comercial. Ensayo, Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Desde http://www.fundaciongsr.org/documentos/7550.pdf


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