Me había preparado tanto tiempo para este viaje y estaba con tantas ganas que parecía cabra chica en paseo de fin de año. Si hasta pedí vacaciones en la pega para ir, ¿cachai?. La zona de Santa Cruz siempre me ha apasionado, no sé, su onda es maravillosa. Así nos subimos el viernes al bus, con la energía desbordante y el entusiasmo de viajar a hacer cultura en un paisaje espectacular. Si hasta me compré una cajetilla de cigarros, cosa que no hacía hace como un mes. Pero por la puta mala onda que nos tocó, arriba del bus se nos fue aguando la fiesta a medida que nos acercábamos a destino, y se me iban muriendo las ganas de cualquier jolgorio poético, porque un energúmeno feo como el solo, borracho, egopático y disque diplomático de las buenas costumbres armó una bataola de antología, pero de lo patético supremo, estrambótico y discordante porque no le tenían hotel cinco estrellas con cancha de golf, helipuerto y piscina a sus invitados. Te juro que así fue, no exagero. Lamentablemente.
El ambiente se tensionó tanto que más tarde casi se van a los combos, ¡ahí! ¡delante de la comitiva extranjera de super poetas y la delegación nacional de vates! A esas alturas ya habíamos cachado que se había perdido todo control, toda vergüenza y toda organización, claro está. ¿Qué mierda hago aquí? Me pregunté yo, que me había subido al bus con los cachetes rosaditos y una sonrisa coquetona y a esas horas de la noche solo me quedaba el hambre del porte de un buque y unas ojeras de thriller.
Me voy de esta hueá, me dije. Y me fui, porque no estaba dispuesta a mamarme tres días de delirium tremens ni megalomanía de nadie, porque mi idea de un encuentro de poetas pasa, necesariamente, por la solidaridad, la fraternidad y el respeto, además de la organización mínima, porque lo principal son las actividades comunitarias y el intercambio cultural, la alegría colectiva de hacer poesía juntos y llevar lo propio hasta esos parajes. Es bien fácil y, quizás, demasiado simple, porque esta idea ignora cualquier modelaje en pasarela del alcoholismo autoglorificante y el autobombo, lo que le quita glamour a un evento.
Así que, reponiéndome a la decepción, juro que no voy a ir a ningún otro encuentro de poetas que se vea lleno de brillantina, lentejuelas y escarcha barata. Para eso prendo la tele y pongo el SQP, que resulta más entretenido de ver porque no tiene toda la carga pseudointelectual de poeta maldito al peo. Mejor me quedo en mi casa tratando de escribir algo medianamente bueno. Piola.

Bien dicho, lo mejor fue venirnos, a Colchagua volveremos, pero sin "poetas malditos" alrededor.
ResponderEliminarAbrazos compañera
¿Estas segura de que era un encuentro de poetas y no uno de curdas (ebrios)...?
ResponderEliminarNo me fumes, nena.
Y cuanto mas femenino te quedaria: ¿Que diablos hago aqui?, antes que ese grosero: "¿Que "mierda" hago aqui..? Y sos una chica fina, a qué necesitar esas palabras de camionero...?
Y no es la unica...
Espero que no te enojes.
Besos.
Exacto compañero, si Colchagua que ahí al ladito no más.
ResponderEliminarNo, no me enojo Cocorastuti, pero tampoco soy tan fina. Acá nadie usa ese "qué diablos", suena un poco cursi, como a doblaje mexicano, así que estamos acostumbrados a escucharlo solo en la tele. Lo espontáneo es qué mierda, qué chucha, qué cresta, qué hueá.
ResponderEliminarAsí no más.