20 agosto 2011

El color violeta del alma


"Maldigo los estatutos del tiempo"

Recuerdo. Tenía unos siete u ocho años. Cierto día me encontré, en el colegio, bajo la mesa de mi puesto, un libro estampado de tapa verde, bastante antiguo. Pero qué maravilla, seguro que a algún cabro de la jornada de la mañana se le había quedado y ahora era para mí. El libro era un cancionero de música folklórica con las tablaturas y letras. De verdad, mucho la música no me importaba, porque tampoco había nacido en una casa donde se escuchara música, así que el hallazgo del libro significó una entrañable conmoción por las letras de las canciones. Las de Violeta Parra me hicieron clic al tiro, irremediablemente. Era una mujer que escribía y tenía nombre de flor, cosas que a una niña como yo le parecieron fantásticas. Y estaba tan contenta con mi librito verde que lo andaba trayendo para todos lados como si fuera un juguete, un enorme tesoro que me abría un mundo que me era desconocido pero que, intuía, era especial, aunque no sabía bien por qué. En esos años el arte era una palabra más bien vacía, entre la polvareda de la calle y mis certezas de que algo traía en la cabeza que debía salir.

Una de esas tardes fui a la casa de mi abuela con mi libro. Compartiendo mi descubrimiento le mostré las canciones de la Violeta Parra, esperando que me contara quien era. "Ah!" me respondió ella, "Esa comunista que canta puras cosas comunistas". Está demás decir que la palabra comunista en mi entorno cercano significaba un delito, una aberración, un mal. Así fue como tuve el primer costalazo contra el pavimento moral, cuando a penas era una cabra chica y mi abuela echó a la calle mis ilusiones más inocentes de una belleza que no encontraba en la llaneza del mundo familiar.

Este recuerdo era inexistente y estaba bien escondido en los anaqueles del inconsciente hasta ayer, cuando después de ver la película "Violeta se fue a los cielos", intenté recordar cuándo y cómo apareció ella en mi vida. Que una película te inspire a esto es fenomenal y, quizás, es el triunfo de su estrategia en el nivel más íntimo. No sé, tampoco me interesa comentar aquí el estilo narrativo, el tiempo, la visualidad. En más que suficiente con esto.


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