16 agosto 2011

Conversatorio 1: "La cinta blanca"


- Oye, hueón, por fin viste la peli.

- ¿Qué peli, mierda? ¿Pa' qué decí peli? Esa hueá no es chilena, es argentina. Ellos dicen peli y te cortan a la mitad todas las palabras. Se inventan su propio idioma.

- Filo, no era ese el tema, menopáusica, no le pongai tanto tampoco. Si te estaba hablando de la película po'.

- ¿Cuál?

- "Das weiße Band - Eine deutsche Kindergeschichte"

- Ya po, ridícula. ¿Cuál?

- "La cinta blanca"...

- Si, por fin, me la regaló mi superamigo (muak!) y está estupenda la calidad. La vi el finde en la casa.

- ¿Viste que vo' también estai con la hueaíta? ¿Pa' qué decí finde?

- Se pega la cagá. Es más fácil hablar a la mitad.

- Ya, pero la viste. Es la zorra...

- Si, hueón, es muy buena. Ahora entiendo porqué Sergio Rojas en la U se pegó todo un año con la película. Bueno, antes o después de pegarse con "Anticristo" de von Trier. Ya no me acuerdo. Pero ahora lo veo todo claramente.

- ¿Ya, pero qué tan claramente, según tú?

- O sea, no sé... te digo que quizás le caché la crítica punzante a la forma de educar a los hijos en esa época, que no difiere en mucho de cómo los educaban acá bajo el catolicismo. Y que finalmente fueron esos niños, así criados, quienes levantaron al nazismo años después.

- ¿Por la cosa de la crueldad sin remordimientos, dices tú?

- Mira, eso de la crueldad, la tortura, la frialdad para cometerlas, por un lado era un asunto relacionado directamente con las historias personales de cada personaje, pero por otro lado, esas microhistorias no hacían más que detallar un estado de la sociedad completa. Pucha, es difícil hablar sin spoilear la película...

- Pero filo, si hay que hablar de todo no má'. Si no, no tiene sentido dar la lata.

- Ya, eso. Muy inteligente Haneke. Un director detallista, espeso, quirúrgico. Aséptico. Pero no desapasionado. En la visualidad muy antibarroco.

- ¿No podí comparar con otra cosa que no sea el barroco? Es un término que no tiene nada que hacer en esa frase. Haneke es no-barroco, pero no antibarroco. Lo mismo podría ser no-surrealista.

- Bueno, si, no tiene porque ser opuesto al barroco. Pero es que ando tan pegá que a veces no puedo ver la cosas de otra manera: o son barrocas o no lo son. En este caso él no lo es, con respecto a la acumulación en la imagen, al horror vacui. Ordena las piezas tan bien que la imagen no podría ser en colores, el blanco y negro es la única posibilidad para que resalten de tal manera los bloques compactos dentro de la composición. ¿Cachai?

- ¿Y eso?

- ¿Eso, qué?

- Qué tiene que ver con lo que cuenta.

- Que en la historia, en el ambiente de la historia, no hay luces, sombras, claroscuros, sino que bloques opuestos: blanco-negro, luz-oscuridad, inocencia-perversión, dolor-placer. A veces se carga más un lado, a veces el otro. Un juego de balanzas.

- ¿Cómo qué?

- Como que las historias perversas de algunos personajes (el doctor, el reverendo) se equilibran con las historias inocentes (el profesor enamorado, el niño y su pájaro), que finalmente son un respiro en la película. A estos personajes el director no les confiere ningún matiz, ninguna posibilidad de redención o, en su opuesto, de perversión. El profesor se nos presenta siempre como el ejemplo de la inocencia, la bondad, el amor puro (sin contar que es profesor, eso ya le confiere un aura positiva) y nunca tiene un atisbo de maldad que oscurezca su moral. En cambio el doctor, que primero se nos aparece neutral, va empeorando con el paso del tiempo en la película hasta la perversión más absoluta y reprochable, la más asquerosa. Pero esta asquerosidad moral en el papel del doctor (el que se supone debe sanar o sanear) se digiere relativamente fácil por el contrapeso que presenta, por ejemplo, el personaje del pequeño hijo del reverendo y su pajarito herido. Casi cursi de lo amoroso que es, a pesar de la severidad del padre ("debes ser responsable y no encariñarte") ante su petición de cuidar al ave lastimada, pero, ¿quién no se conmueve cuando ve la película ante esa sonrisa tan espontánea y sincera del niño? Oye, un pequeño actor para comérselo a besos.

- La dura, de más que Haneke eligió al pendejo más tierno para ese papel.

- Y aunque aparece muy brevemente, a mi me quedó grabado el cabro chico.

- O la niñera de pequitas, la novia del profesor.

- Si ella también. Por la inocencia. Buenas actuaciones, por la cresta...

- ¿Y no te dejó marcada algo por lo fuerte?

- Si, obvio, creo que lo más fuerte, más que cuando escuchamos al reverendo sacarle la cresta con la varilla a sus hijos (porque no lo vemos, y eso es peor) es cuando el doctor se manda el rosario frente a su matrona-amante. Eso es la desintegración de una persona, la perdida absoluta de la dignidad, la nulidad total. Eso es fuerte.

- Porque está contenida la cosa femenina.

- Si, quizás por eso. Puede ser que a un espectador masculino no le cause tanto pavor esa escena. A mi me descolocó. Fue el acabose, la destrucción de cualquier intento de luminosidad.

- Pero esa era la idea.

- Si, de más que era esa la idea.

- ¿Y porqué creí que nunca sabemos la verdad en la película? ¿Por qué el espectador no tiene derecho a esa revelación?

- Porque se cae de maduro que no era necesario. Todo el filme habla de la verdad de los hechos, de quienes son los culpables, no cabe duda. La cosa es que el narrador, su voz en off, no te lo dice porque él tampoco lo supo fehacientemente, pero sus sospechas (cuando las hace evidentes en la conversación con el reverendo) son también nuestras sospechas, por lo que sus conclusiones, son con lo que contamos. Y a eso súmale el resto de los guiños del filme: siempre, desde el principio, sabemos la verdad. El filme no intenta plantarnos una duda que será develada más adelante, yo creo que nunca existió esa duda. Las imágenes apuntan siempre hacia los culpables: los niños. No hay otra opción de sospecha. El filme solo muestra cómo los adultos son incapaces de encontrar, en la inocencia que les es inherente a los niños, la evidencia de la perversión. Pero ¿qué pasó? ¿Los niños simplemente se volvieron malos de repente?

- No, obvio.

- ¡No po! Los niños solo se vuelven malos luego de que han experimentado la aniquilación de su inocencia cometida por los adultos. Son ellos los que plantan la semilla de la perversión en los niños, que luego se esfuerzan en ignorar.

- Y nunca lo ven.

- Claro que no. Ocultan las atrocidades de los niños como ocultan las propias, o la de los otros adultos. La apariencia es lo único que se debe conservar incólume. Puertas adentro se viola a la hija, se amarran las manos del hijo a la cama para que no se masturbe, se les maltrata y adoctrina con los valores del bien y el mal. Puertas afuera se les prende una cinta blanca al brazo para que no olviden su inocencia.

- Una inocencia que los pendejos olvidaron hace mucho...

- Y nunca recuperarán. La guerra es, concluyentemente, lo que mata cualquier inocencia en cualquier parte. Y la película termina cuando se declara la primera guerra mundial. C'est fini.

- Solo fue el prólogo...

- Si, el prólogo de una catástrofe.

- Puta la hueá bakán. Densa, pero redondita, sin cabos sueltos. Te deja pa' la cagá, pero te deja completamente pa' la cagá, no a medias.

- No a medias como hablai vo' po'... la peli...

- Y el finde...?

- El subte...

- El cole...

-Ya filo.

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