24 julio 2011

Doppelgänger 2


(Inspirado en conversaciones robadas)


Cuando hoy en la tarde hablábamos de la química cerebral mientras tomábamos un café en el break, recordé un buen ejemplo que no te quise mencionar en ese momento por no interrumpir tu monólogo seudo psiquiátrico, que por lo demás me hace mucha gracia. Tú le dabas y de dabas con la cosa de los neurotransmisores, la serotonina y  las electricidades neuronales que te fallan en la cabeza cuando se te empeora la depre, pero yo recordé otra cosa súper distinta que quizás también acusa tus sinapsis desbocadas -en todo orden de cosas-.
¿Te acuerdas cuando él venía  las primeras veces? En ese tiempo usaba bigote y andaba de la mano de una chica de cabello bien largo. Ya, dale, si sé que te acuerdas. Tú te ponías nerviosa de inmediato y tratabas de disimularlo, lo que te salía muy ridículo  -porque yo me daba cuenta y me moría de la risa-. Entonces, magistralmente te hacías la ocupada y dejabas que lo atendiera yo. ¿Cachai? A lo que voy querida es ¿porqué te pasaba con él y no con cualquiera de las cientos de personas que venían también? Por la química, po’ cabra. Sí, si, la química entre ambos. Ah, bueno, lo estoy involucrando a él sin recordar bien cómo reaccionaba, pero dejémoslo así. Digo, quizás se olían las feromonas como viles ratas y se atraían sin siquiera conocerse. O los químicos de sus neurotransmisores reaccionaban cuando estaban juntos, por alguna razón fisiológica, lo que hacía que se atrajeran. Anda tú a saber, la verdad, solo estoy divagando. Se me pega esto del monólogo filosófico de tanto juntarme contigo.
La cosa es que me he dado cuenta que siempre te tranquiliza hablar de temas científicos, porque es como si te agarraras a un árbol corpulento en medio de un terremoto. A mi me aburre el tema y, la dura, no me lo creo todo. ¿Por qué? Porque creo firmemente que hay algún punto imposible de explicar mediante tanta facundia técnica. Algún punto donde simplemente se te va la onda y solo te quedas con los hechos consumados, en pelotas, sin poder esconder nada a nadie.
(Es más rico conocerte por email que conocerte en persona. La rayai mucho galla)

2 comentarios:

  1. Aunque siempre hemos estado enlazadas, cada vez que viajo a tu blog y le dedico el tiempo que merece, me emociono, tal como en ese instante en que me pasaste un papel con diferentes trazos, yo simulando que estaba ocupada para no ofender tu escrito sin sentido evidente, te pedía que lo leyeras.
    La figurada lectura del papel fue el principio de tu obra y como aquella vez, no dejan de sorprenderme tus escritos.

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  2. Jajajjajajjajaja.......
    Mi estimada Señorita, me llegó hasta el tuetano su escrito... me sentí vilmente identificada con la mujer que habla de ciencia.... no por ser ciencia si no por ser apacionada y torpe a la hora de ver a aquél de bigote...
    Me cautivo su escrito...

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