06 marzo 2010

Ese pasado que se nos va


Con mucha conmoción he corroborado hoy, por medio de El Mercurio, que nuestra Casa de la Cultura sufrió trágicamente los embates de este desgraciado terremoto. Lamentablemente, las contingencias de la vida me han impedido volver a esos pasillos luminosos que tanto disfruté, soñando con las historias de sus muros de adobe y pactos con el demonio, amores imposibles, latifundistas centenarios. Puede que estas palabras estén sonando recursis pero mi historia en la Casa de la Cultura borda la cursilería poética de la mejor cepa. Cuánto la voy a extrañar.
Porque lo que el terremoto nos deja al aire es crudeza, pena, realidad de la más golpeadora. Derrumbre de un sopetón, sin previo aviso.
Y así, un montón de otros edificios entrañables que de a poco o mucho, dejaron ver su constitución de simple material dejando su aura de cosa humana - y especial, trascendente- sin cuerpo en el que morar.


Más info: http://diario.elmercurio.com/2010/03/06/vivienda_y_decoracion/_portada/index.htm

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