27 julio 2008

El Homúnculo


Hace más de un año que te conozco. Te has hecho presente en mi vida -y en la de un puñado de mis amigos- mediante la prolijidad (ironía) de tus mails. Has tomado diversos seudónimos para tu seudoexistencia pero yo sé quién eres, sé que me miras. Te imagino masturbándote frente a mi foto y vomito treinta y nueve veces, lo que es agotador. He estudiado las diversas personalidades psicopáticas que la medicina clasifica y me veo obligada a instalarte en todas. La envidia desenfrenada carcome tu nimiedad. ¿Es a mí a quien odias? Lo dudo. Nada sabes de mi vida, nada a parte de los equívocos que intuyes. Lloro con angustia cuando te pienso acabado/a, abandonado/a y desesperado/a tratando de aferrarte a mi sombra. Tú eres una sombra, despedazado/a en el silencio de no ser capaz de enfrentar los pasillos siquiátricos y mi consistencia. Me amas, me adoras en la incomunicabilidad de tu absurdo. Yo también te amo un poco, como quien ama a los perros tiñosos de la calle.

3 comentarios:

  1. No te dejes abrumar por las sombras, siempre estarán ahí, pero son solo eso, no pueden tocarte. Saludos Úrsula!

    P. L.

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  2. Muy buena tu reflexión. Piensa que también hay gente que te admira de verdad y que valora lo que escribes y lo que haces. Esa gente callada que lee tu Blog y tus libros. En la vida tiene que haber gente que habita en el Cielo y gente que purga en el Infierno. No es necesario vomitar; tu significativa ignorancia de esa sombra ya dice bastante... debe ser nimio. A mi no me importa, como a Patricia, que tú sepas que estoy en tu orilla. ¡Qué pena que Caronte le esté haciendo cruzar la laguna Estigia un poco cada día!

    Un abrazo.

    F. P.

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  3. Bien, Poeta. Por muy horrorosas que sean las sombras y oscuridades, siempre habrá una alborada esperando la claridad. Y eso tú y yo lo sabemos muy bien. El mundo se diluye cada día en sus afanes, pero personas como tú y nuestros amados amigos Isabel y Dinko, le dan a la vida ese sabor transparente que cada minuto nos hace más fuertes. Son esos pequeños grandes gestos que nos llevan a sublimar una sociedad que algún día alcanzará las cumbres de la dicha para todos. En tanto, al infierno los malévolos, pues jamás podrán derrotar la unidad de la amistad que nos forja y nos da el temple necesario para vencer las adversidades que nos siembran los envidiosos...

    Un abrazo
    Alejo

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