24 mayo 2008

Monóculo. El mundo a un ojo.


Estos últimos días he tenido que enfrentarme al mundo con un solo ojo. Me agarré un desagradable virus que mantiene mi ojo derecho hinchado y lagrimoso, obligado a permanecer cerrado. Durará una semana más o menos. El asunto es que ayer, cuando todo comenzó, al levantarme, la vida me pareció muy distinta. Llevaba unas horas en pie pero seguía sintiendo que aún no despertaba bien, todo porque andaba tuerta y no podía ver la totalidad de las cosas. No solo se pierde la percepción de profundidad, el equilibrio, sino que las sensaciones visuales se transforman y el mundo se queda a la mitad.
La mitad del mundo. Sabes que las cosas siguen siendo las mismas, que ellas no han cambiado, pero las ves a medias. Y te parece que andas entre lo que existe y la sombra, el sueño, la inexistencia. Sabemos que los dos ojos funcionan con un mismo fin, ambos se mueven al mismo tiempo, en las mismas direcciones. Pero ven cosas diferentes, aspectos diferentes que ayudan a configurar el mundo en el cerebro. Cuando se inhabilita un ojo nos quedamos con una sola versión de las cosas, los objetos, la luz, incluso de las personas y los fenómenos. Ya no hay bilateralidad, sino unilateralidad. Y estás obligado a confiar en esa única versión, a quedarte tranquilo con la mitad de las cosas y seguir intuyendo su otra mitad, aunque no la veas.
A ratos abro el ojo derecho y uf! qué alivio... todo vuelve a existir. Y me pregunto, ¿cómo será tener tres ojos? ¿y cómo ser completamente ciego?.