14 enero 2008

Bruma en Viña, encuentros cálidos, Pato Manns y Leo Ferré




Domingo medio día, viajando flash a Viña del Mar a presentar Ático. Primero, el obligatorio paseo por el puerto, conociendo espacios aún desconocidos para mí, junto al Alejo, que se sabe de memoria Valpo. Luego a la presentación, donde la gente que pasaba se sentó a escucharme muy atenta y eso siempre es la raja. Y después la conversa. Estaba el Enrique Winter, quien ahora vive en Valparaíso. No lo veía hace tiempo ya. La raja poder hablar con él, porque desde que nos conocimos cuando veníamos saliendo del colegio cuando recibimos menciones honrosas en un concurso regional, no nos hemos dejado de encontrar pues pertenecemos al mismo lote generacional. También compartimos el taller de la Fundación Neruda. Sí, este mundo de la poesía es pequeño. Hablamos, nos pusimos al día y nos prometimos futuros encuentros y lecturas. Ahora hay que esperar que salga su próximo libro, Rascacielos.

Más tarde partimos con el Alejo a la casa del Patricio Manns donde nos alojaríamos. Pero qué maravilla. El Pato nos encerró toda la noche en su Cuarto del Ego, su oficina, a conversarnos y escuchar discos de Leo Ferré mientras afuera Concón era solo niebla. "Ton style c'est ton cul c'est ton cul c'est ton cul" nos traducía Manns a punto de hechar lágrimas. "La poesía al servicio del hombre, lo demás son huevadas" me enseñaba en poeta sin pelos en la lengua. Y por qué tenía que venir a contarle sus experiencias magistrales a una cabra chica practicamente desconocida para él? La respuesta estaba ahí mismo: la poesía debe ser solidaria porque nadie es el dueño de ella.

Ya a las dos de la mañana mi cabecita no podía guardar más energía. Tantas cosas que aprendí, tantas cosas. Me ponía inmensamente feliz saber que hay tanto por saber y conocer, y al mismo tiempo me embargaba una ansiedad por no tener el tiempo necesario para hacerlo. Sé que la vida no me va a alcanzar para todo lo que sueño.

Sin embargo soy una persona afortunada. Pude volver a recibir la buena onda de un par y amigo como el Enrique Winter, pasar una noche escuchando al Pato Manns y disfrutar una fresca mañana a la orilla del mar antes de volver a la sicosis de la capital. El impulso suficiente para seguir la pelea.