12 diciembre 2007

Poemas para capear el calor

Revisando entre los libros de mi pequeña pero vanidosa biblioteca, encontré el Anuario Literario 2002 de San Bernardo, publicado por el Centro Literario Ateneo de San Bernardo, donde aparecen un par de textos míos solo publicados ahí. Ahora los transcribí para que le pongan un ojo mientras no se me ocurra publicar nada mejor en este blog.
Enjoy it!
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CUATRO MENOS UNO
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Paso los dedos con aceite de sopaipillas
por las hojas cuadriculadas.
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La pena se convierte en mermelada de frambuesas.
Mis suspiros son con olor a té bien caliente
y con gusto a recuerdos bien viejos.
Bill Haley y sus cometas
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me hacen bailar sola
en un tiempo que no me pertenece.
Voces muertas hace décadas
son mi único refugio de miércoles triste.
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Es más fácil volver a llenar la tacita made in China
Que llorar por algo que no me duele
Mucho.

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DIFUMINADO
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II
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Los lirios de Vincent brotan del muro.
Una botella vacía de cocacola
entre los cds y cassettes sobre mi escritorio.
Tiuques melancólicos.
Olor a sueño y pan con mayonesa.
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En el rincón
el retrato del ’99: una chica apagada
y mustia
de cabello liso despeinado sobre sus hombros.
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En la mesa
una rosa muerta dentro del florero hindú.
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En esta pieza
todo parece ser de ayer.
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IV
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La muerte acarrea sus rodillas
famélicas
por todas las horas.
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El dolor de cabeza bombea
entre funerales y fiestas
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-por la mañana entierro a mi abuelo
por la noche me desvelo en el espectáculo-
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Ha corrido viento todo el día.
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La tarde dura tan poco
que el tiempo no me alcanza a mirar.
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Me escondo, bruta, en mi camastro.
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Las perdices y su canto primitivo
Las venas de mi jaqueca
Los metales oxidados del colgante
La ventana y el retamo
La ropa sucia
El reloj.
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Un tren despereza ventanas.
Un grillo.