10 septiembre 2007

LA OTRA MIRADA: Poesía sobre el pueblo

Existe la poesía popular, que es escrita por gente del pueblo. Pero también la que trata del pueblo, pero es escrita por poetas con estudios y conocimientos. Algo así, como por el dueño del fundo. Esta pretende rescatar, con una mirada in situ pero ajena, el habla del huaso, su gramática, sus vivencias.
Por supuesto he agregado un texto de Víctor Domingo Silva, quien dedicó mucho tiempo a retratar al huaso, al roto chileno y su forma de expresarse. El segundo es de Roberto López Meneses, un desconocido poeta del cual no encontré más información en la santa web. En ambos poetas el hablante es un huaso que cuenta su tristeza, una por el amor ido, la otra por el amor muerto, visiones muy bucólicas e inocentes de la gente del campo que también sufría por este sentimiento.
Espero que ambos textos los disfruten mucho.

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LA PENA DE FERMÍN
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Víctor Domingo Silva
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- Patrón, yo la quería
y ella era güena, se lo juro yo;
pero su paire, On Chuma, el que tenía
en el bajo un chinchel, me la negó.
Me la negó, patrón, porque en la vía
Puee más que el amor el interés,
Porque’él necesitaba a María
Pa esplotarla lo mesmo que una res.
¡Y era tan rebonita!
Si parecía, con su moo di andar,
Una mariposita…
¡un pajarito ‘e Dios que va a volar!
¡Nunca han visto unos ojos como aquellos,
negros, pero con luz como el carbón!…
¡Cuando mi acuerdo de ellos
siento que se me aprieta el corazón!
Muchas tardes, de güelta del trabajo,
Me paraba a su puerta, y una vez
En el chinchel del bajo,
Me tomaba una copa, u dos, u tres.
Riéndose, la María
Me priuntaba, di atrás del mostraor:
- ¿Y pa qué tomai tanto? – y yo le icía:
Remedio pa la pena es el licor.
Pero, ¿vos tenís pena?
¿Un mozo joven como vos, Fermín?-
Ya le hay dicho, patrón, que ella era güena
Y que yo la quería con güen fin.
Así, sin impasencia ni escaro,
Ibamos platicando la amistá…
Nunca me hallé capás de hablarle claro.
Y en eso estuvo mi fataliá.
Alguna vez, puntiando en la vigüela
Una toná cantaba a media voz…
¡de no golverla a oir, quén se consuela,
patronsito, por Dios!
Yo me quedé di un hilo, embelesao
Oyéndola cantar.
¡No cantan con más gusto y afinao
los pajaritos cuando va a aclarar!
Endei, el pobre guaso
Solo con su ilusión
Se iba en su caballito, paso a paso,
Saltándole de gusto el corazón.
Y el viento, y las montañas
Y la arbolera, el totoral, en fin
Too lo iba sintiendo en las entrañas
Que me gritaba: ¡Quérela, Fermín!
La estrellita que en lo alto aparecía,
La flor de más olor,
Too cosa espresiable lo creía,
Comparao con mi amor.
Pero una tarde, el viejo
Por unos chismes que alguien le sopló,
Arrugó el entresejo,
Y lo mesmo que a un perro me trató.
Ya no la vide más. La suerte ingrata
No me la quiso dar,
Hasta que un día supe que por plata
Su propio paire la ‘ejó escapar.
¿Onde está la María?
Si está viva o es muerta no lo sé,
Solo sé que pa mi no hay alegría
Ende que ella se fue.
¡Y esta es mi pena grande, caballero!
Este, y ni otro, es mi dolor, patrón.
¡Entuavía la quero!
Me tenrrá que matar esta pasión…
Por eso tomo y me emborracho agora,
Porque no sé qué hacer,
Y ya no hallo la hora de ejar de paeser.
Ya con gusto yo no duermo ni trabajo.
Cuando llego a pasar
Frente al chinchel del bajo,
Siento como unas ansias de matar.
Me acuerdo de aquél viejo descastao
Que con su propia sangre negoció,
Y por lo verlo miro pa otro lao;
Con toa mi alma lo aborresco yo…
Parece que hasta el viento,
Que sacúe, sumbando en mi tormento…,
Y aprieto, bajo el poncho, mi puñal.
Y yo, guaso leal, guaso sencillo,
Compriendo a los que matan por amor
Y quisiera acabar en el banquillo
Esta vía ‘e desprecio y de dolor.
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EL VELORIO
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Roberto López Meneses
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Cuando lo vi de espalda y entre esas cuatro velas
Que sobre él arrojaban una luz amarilla,
Con las manos muy juntas y cruzás sobre el pecho,
Entelaos los ojos y apagás las pupilas,
Jué tan grande mi pena, mi amargura tan honda,
Que lloré como nunca lo había hecho entuavía…
Yo no sé cuanto tiempo pasaría llorando,
Con la cabeza gacha y clavá en las rodillas…
Solo sé que lo veida corriendo por el campo,
Sanito y en la cara reflejá l’alegría:
Que lo veida como antes en el protero nuevo
Dando saltos y brincos y llamando a la Rita
Pa que juera ayudarle a pillar un ternero
O una oveja del piño como siempre solía.
Y too eso lo veida patentito y gozaba,
Pero un era na cierto, era pura mentira,
Porque allí está el pobre con las manos muy juntas,
Entelaos los ojos y apagás las pupilas…
Y seguía soñando y otra ve ante mis ojos,
Como caso de magia divisaba a la Rita
Cuando, llena de orgullo, lo llevaba a l’iglesia
Los domingos al alba pa que oyera la misa.
¡Y qué gusto más grande el que, al verlo, sentía!
¡Qué bonito lo hallaba con su ropita nueva!
Yo too eso lo veida, patentito, lo veida,
Pero no era na cierto, era pura mentira,
Porque allí estaba el pobre con las manos muy juntas,
Entelaos los ojos y apagás las pupilas…
¡Ella jué la culpable! ¡Ella jué la que tuvo
toitita la culpa, porque dende aquél día
en que huyó de la casa, sin que na l’importara
cometer con nosotros semejante perfidia,
cayó el niño a la cama, sin que el meico pudiera
ni endulzarle la pena, ni salvarle la vía!
¡Ella jué la que tuvo toitita la culpa!
¡Ella jué la mala hembra! ¡Ella jué l’asesina!

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Esta noche hey sentío que golpiaban mi puerta.
Un esperaba a estas horas tan extraña visita…
Juí asomame y era ella, ella mesma en persona,
¡la mujer de alma negra que a la casa golvía!
Con la cara muy pália, suplicante y llorosa:
Oye Usebio –me ijo-…, soy yo, Usebio…, ¡la Rita!
No ei venío a pedirte que olvidís mi pecao,
Porque es de esos que el hombre no perdona ni orvía…
Hei venío por mi hijo, por el hijo de mi arma…
Éjame que lo vea, que una sola caricia
De sus manos, Usebio, carmará mis dolores
y hará menos amarga esta horrible agonía…
- Ta muy bien. ¡Para a verlo! ¡Pasa a verlo! –le ije-.
Se cumplió tu deseo ¡Ya poís tar tranquila!…

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Ha pasao la noche sollozando y gimiendo…
Al lucir los primeros resplandores del día,
Ya la luz de las velas s’está haciendo más débil,
S’está haciendo más débil y un es tan amarilla…
¡Ay!, ¡qué noche más negra y qué pena más grande
ver tendido en la mesa al hijito e mi vía
con las manos muy juntas y cruzás sobre el pecho,
entelaos los ojos y apagás las pupilas!…
Ha llegao el momento de llevarlo. On Chuma
Con el hijo e la Charo y unas cuantas vecinas
Lu han metido en la caja y lu han puesto en el carro…
Yo hei quedao en la pieza frente a frente a la Rita,
Que me mira lo mesmo que si juera un fantasma,
Muy abiertos los ojos y espantás las pupilas.
- Vete agora- le hei dicho-. Vete agora y pa siempre.
¡Y ojalá que no güelva a encontrarte en la vía!
Te empeñaste en verlo y te hei dao en el gusto.
Se cumplió tu deseo. ¡Ya poís tar tranquila!
Juera, hei dicho. ¡Pa juera!… ¡A meterte en la charca!
A ahogarte en el vicio. ¡Mala hembra!… ¡Asesina!…-
¡Güeno el día bien perro! Hoy los dos se me han ío:
la mujer a la calle y el hijito e mi vía
al panteón…, y yo solo, solo y triste en mi casa,
¡que antes era una gloria y agora es una ruina!…
Allá lejos, el carro va doblando la cuesta…
¡Se me jué mi tesoro! ¡Se acabó mi alegría!…
Y, mientras la mala hembra va saliendo e mi cuarto,
Muy abiertos los ojos y espantás las pupilas,
Me hei echao en la cama onde estuvo su cuerpo,
Me hei echao echao en la cama del hijito e mi vía,
Y besando sus ropas y ahogao en sollozos
Y sintiendo mi pobre corazón hecho tiras,
Con la voz temblorosa hei rezao entre dientes…,
Hei rezao entre dientes… "¡Dios te salve…, María!"

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Extraídos desde Los Grandes Poetas, Antología Poética Universal, Seleccionados por Francisco Galano, Editorial Zig-Zag, Santiago de Chile, 1947.