14 agosto 2007

LA TEMPRANA PRIMAVERA

"Mujer con quitasol" Claude Monet, 1886. Musée d'Orsay, Paris.
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Siempre nos quejamos que el verano es muy corto, que el invierno comienza muy luego. Pero, ¿nos damos cuenta que ya a estas alturas de agosto la primavera se deja ver y sentir?

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Ah, primavera, bálsamo tibio que reconforta el cuerpo de tanto frío invernal. Eterna inspiración de los impresionistas, como lo demuestra este maravilloso cuadro de Monet, quien rayó hasta la catarsis con la experimentación de los colores y entregó al mundo de las artes pictóricas el insustituible legado de la luz. Y , por supuesto, de sus nympheas.

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Frente a la ventana de mi cuarto hay un almendro. Milagroso fue el día de esta semana que al despertar descorrí la cortina y descubrí con infantil asombro que ya tenía miles de brotes. Oh, sexualidad florecida de los árboles! Sentí que mis huesos se descalambraban y que un estertor de felicidad recorría mi abrigado cuerpecito.

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Lo que más adoro de estos días es que me remontan a mi niñez. Es impresionante como veo los ciruelos en flor y recuerdo de inmediato cualquier momento de mis años infantiles. Y me siento inocente, bella, fresca como la primera hierba que nace en el jardín. Creo que cuando esté viejita y arrugada, caminando apenas, con mi espalda y mis sueños encorvados, seguiré sintiéndome así con los tempranos días de primavera.

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Reviso mis óleos favoritos de primavera. En el invierno me pasaba el tiempo revisitando los cuadros de Friedrich, obvio. Pues ahora me lleno de cromatismos luminosos con papá Manet, con Renoir y por supuesto Monet, dios entre los dioses que le dieron la vida al arte moderno. Y, particularmente, este óleo de la mujer con quitasol, me llena de inspiraciones. La luz, los colores, el viento, todo es perfectamente primaveral.

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Solo falta que mis hormonas ancestrales comiencen su baile instintivo.

La primavera no perdona ni al más beato.