29 agosto 2007

EL POEMA PERFECTO

Pedro Antonio González (1863-1903)


.

.

He leído y releído este poema durante varios años y no dejo de pensar que es uno de los textos más sorprendente, más redondo, más inmensamente profundo y conmovedor que he conocido en mi vida. Un texto al que no le sacaría nada, al que no le agregaría nada. Un texto que no solo describe sentimientos y sensaciones, sino que también narra una historia. Varias historias.
Me refiero a "Lucrecia Borgia", poema del malogrado poeta chileno Pedro Antonio González. Y para empezar hay que saber un par de cosas. Como por ejemplo que Pedro Antonio González escribió este poema en la última mitad del siglo XIX, en una época en dónde nadie escribía del modo en que él se atrevió a hacerlo. Por esto que el texto tiene dos grandes méritos. Más bien un gran mérito y un gran desafío. El mérito de haber sido rupturista dentro de sus contemporáneos, de haber dado el gran paso desde el romanticismo al modernismo, de haber hecho algo completamente nuevo. Y el desafío de instarnos a nosotros, los poetas del siglo XXI, a escribir algo mejor que eso, algo más nuevo, cosa que hasta hoy nadie a logrado. ¡Si seguimos escribiendo como Pedro Antonio González lo hacia hace 130 años!
El poeta no pudo hacer mucho en su vida. Murió joven, a los cuarenta años, con apenas un libro publicado (Ritmos, 1895) y muchos poemas inconclusos. Es otro de los "poetas truncados", poetas que murieron jóvenes con una obra prometedora sin consumarla, como también lo son Teresa Wilms Montt y Romeo Murga. Pero a pesar de ello fue muy conocido y respetado, tal como lo cuentan en el prólogo de la antología más lúcida de la historia chilena, Selva Lírica: "Bienhechora fue la sacudida que Ritmos causó en los espíritus sedientos de nuevos rumbos. Admirándolo, la juventud empezó a olvidar la frialdad del clasicismo y la artificiosa sensiblería romántica" " Los literatos de antiguo cuño se escandalizaron. La juventud llegó al asombro. Se trataba de un poeta único, cuya inspiración desplegaba las alas de un espíritu enorme. Aquello fue como la aparición de un rutilante meteoro"(1)
Sin embargo su terrible destino, Pedro Antonio González alcanzó a dejar el gran poema "Lucrecia Borgia", un texto con el que le dan a uno ganas de dejar todo esto botado e irse a la casa.
Si debo elegir en este momento un poema que considere realmente perfecto sería este. Porque lo tiene todo y más. Ahora, la pregunta imposible de hacerse es, si González no hubiera muerto, ¿qué habría escrito? ¿cómo hubiera evolucionado su poesía?. La respuesta parece obvia, pero tampoco puede darse por segura. Para no imaginar es mejor quedarnos con este texto, que basta y sobra para sentirse feliz y completamente desanimado.
Por el descanso perpetuo del alma de Pedro Antonio González.

LUCRECIA BORGIA (2)
.
I
Era la noche. Sembraba el miedo con el desmayo
La cauda obscura de un pavoroso, fatal querube;
Zumbaba el viento (3), rugía el trueno, vibraba el rayo,
De golfo en golfo, de monte en monte, de nube en nube.
.
Lucrecia Borgia, tras la postrera y ardiente danza,
Fue a reclinarse junto a su lecho de oro y caoba.
Y hundió sus grandes ojos azules en lontananza
Por la ventana medio entreabierta de una amplia alcoba.
.
Lanzó al espacio con voz sonora dos carcajadas
Que retumbaron en los lejanos, vagos confines,
Como las locas notas de plata de las cascadas,
Como los regios compases de oro de los clarines.
.
Y entonó un himno de estrepitosas, raudas cadencias,
Que dilataron por la siniestra noche sombría,
Sus arrebatos, y sus transportes y sus demencias,
Mientras inmóvil, tras las tinieblas, Satán reía…
.
II
.
Yo cruzo altiva, como una diosa de mármol griego,
Por los soberbios, resplandecientes, vastos salones,
Dejando en torno, con mis miradas llenas de fuego,
Hechos pavesas, hechos cenizas, los corazones.
.
Yo, cuando danzo, dejo en el aire rumores de alas,
Yo toco apenas con mis pies raudos la muelle alfombra.
Yo me deslizo tras los compases, tras las escalas,
Como un querube, como un ensueño, como una sombra.
.
El foco de oro de las arañas lanza a porfía
Sus claras ondas, llenas de ritmos, llenas de efluvios,
Como una rauda, trémula lluvia de pedrería,
Sobre el penacho de mi diadema de bucles rubios.
.
Yo lo soy todo, porque soy bella. Yo soy satánica.
Yo llevo el soplo de la soberbia borrasca loca;
Yo llevo el soplo de la candente llama volcánica,
Que despedaza, que pulveriza la dura roca.
.
Yo arranco al fondo de los sepulcros y los ocasos
Sombras que crecen y que se empujan y que batallan.
Yo desparramo con mis miradas, ante mis pasos,
Dudas que lloran, odios que rugen, celos que estallan.
.
Es mi gran triunfo ver sobre el polvo que altiva piso
Caer al hombre bajo mis plantas, rendido y tierno;
Y allá a lo lejos mostrarle el fondo de un paraíso;
Y en sus transportes, en vez de un cielo, darle un infierno.
.
Cuando entro al templo como una reina, como una diosa,
Tiemblan las novias que se desposan en los altares;
Se pone blanca como la nieve su tez de rosa;
Se bambolean sobre su frente los azahares.
.
Es mi gran triunfo clavar en ellas mi dardo extraño,
Y herir de muerte sus ilusiones, sus alegrías;
Y en las tinieblas crepusculares del desengaño,
Contar a solas, una por una, sus agonías.
.
¡Oh! Negra Noche, yo te bendigo cuando tú velas.
Yo te bendigo cuando sacudes tus hondas calmas.
Somos amigas, somos hermanas, somos gemelas:
Tú arrojas sombras en los abismos, yo en las almas.
.
Las dos cruzamos con unos mismos, lóbregos pasos,
Robando al astro y a la esperanza sus rayos pulcros;
Tú por el cielo, como la esfinge de los ocasos;
Yo por la tierra, como la esfinge de los sepulcros.
.
.
Notas:
1- Extraído de "Selva Lírica, Estudios sobre los poetas chilenos", Julio Molina y Juan Agustín Araya, Santiago de Chile, 1917. Versión PDF desde www.memoriachilena.cl
2-Versión desde "Poetas Chilenos, Tomo I Biblioteca Económica, Vol. 3", Santiago de Chile, 1902. Versión PDF.
3- En la versión de la Selva Lírica, la palabra "viento" aparece reemplazada por "noto".