08 mayo 2007

O’Higgins, Carrera y Rodríguez: La tragedia del poder y la gloria.



Desde el colegio que me consideraba una carrerista. La verdad es que no recordaba bien porqué. Me parece que lo que me hizo ponerme del lado del prócer José Miguel fue que murió fusilado en Mendoza, presumiblemente por las oscuras manos del mismo O’Higgins y la Logia Lautariana, a la que pertenecía. Eso de los fusilamientos y las injusticias me da una pena enorme y hace salir a la combatiente que tengo escondida. Y lo otro, Carrera era amigo de Manuel Rodríguez, hecho suficiente como para quererlo más a él.
Al haber visto ya los dos primeros capítulos de la serie Héroes, que emite Canal 13, el asunto me quedó más claro. Si Bernardo fue un tipo con cojones, José Miguel fue un verdadero héroe, lleno de ideales y sueños medios imposibles que a cualquiera le remueve el romanticismo. Pero no solo de romanticismo vive el hombre, sino que también de ideas claras, de inteligencia, de gallardía y valor. Y, por supuesto, de envidias, rencillas, tratos y oscuridades.
Carrera tenía todo de su lado para lograr la ansiada independencia chilena y la libertad del pueblo, pero falló al ganarse un par de buenos enemigos, como fueron O’Higgins y San Martín, que lo detestaban y se encargaron de hacérselo notar. Es dramático como la historia muestra la lucha constante y sin tregua que Carrera dio durante su corta vida en contra de estos personajes, que al final le quitaron todo. ¿Porqué, cuando vio sus planes completamente destruidos, no se olvidó de toda la basura política y se largó a su admirado Estados Unidos a vivir en paz con su familia? Porque creía fielmente que lograría sacar del poder al recién instaurado O’Higgins y hacer justicia a su medida sobre un país que él veía gobernado por un dictador. El tiempo le dio la razón: los mismos aliados de O’Higgins lo destituyeron del mando del país al tiempo después por dictador. Y lo mandaron a morirse en Perú.
Rodríguez, el guerrillero, dijo alguna vez que si él llegase al poder se derrocaría a sí mismo. En su cabeza no entraba la palabra gobernador pues era un anarquista consumado. Y sus ideas hicieron que lo asesinaran cobardemente en el ya mítico pueblo de Til-Til. Pero pasó a la historia como el húsar de la muerte más emblemático de la lucha del pueblo.
Un triángulo catastrófico. Una historia llena de penas. El destino es completamente ingrato. Los tres personajes más importantes de la historia libre de Chile murieron trágicamente, olvidados y repudiados por las maquiavélicas torsiones del poder, asesinándose los unos a los otros en un desgraciado remolino de controversias.
Es ahora cuando recién voy entendiendo porqué mi maravillosa profesora de historia, la profe Consuelo, contaba con tanta pasión sus clases. La historia de Chile es más conmovedora que cualquier novela jamás escrita.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario