03 mayo 2007

DE PEDÓFILOS Y BRAZALETES



Estoy leyendo en mi diario ABC1 de todas las mañanas, (un placer-necesidad burgués que nos damos en mi casa) El Mercurio, acerca de las polémicas desatadas por los brazaletes para rastrear pedófilos que quieren instaurar a modo de ley aquí en Chile, una medida que ya se usa en muchos países desarrollados no solo para estos enfermos sino para varios tipos de delincuentes en libertad vigilada, imputados con excarcelación provisional en juicios y otras.
Personalmente, encuentro la medida muy provechosa, inteligente y positiva tanto en su aplicaión como en el miedo que puede inferir en los posibles criminales que aún no son descubiertos. El asunto que me sorprende son las declaraciones de una criminóloga llamada María Angélica Jiménez de la Universidad Central que dice lo siguiente: "Poner un brazalete obligado, que no se puede retirar, implica una condena que estigmatiza a la persona en el trabajo o el medio donde vive y genera peligrosas reacciones de agresión o venganza de otros" Ok, puede ser comprendido lo que señala, pero carece de un gran fundamento que a uno le diga que es suficiente como para rechazar la medida. Ahora viene lo que me da risa "Para la académica, la ley penal vigente tiene medidas adecuadas de control de imputados o condenados en libertad" Perfecto, ya nos dimos cuenta de la eficacia de la ley en el caso del individuo que todos conocemos como Zacarach (Rafael Maureira). Se fugó sin que nadie se percatara, pasó treinta días relajado quien sabe dónde antes de que se diera la alarma y se pusieran a buscarlo y ahora anda libre en algún sitio del universo con una condena de veinte años por abuso y violación de dos niñitos haciendo el más grande "lero lero" a las súper medidas de la ley. Y lo peor de todo, nadie tiene la culpa de su fuga. Tendrá razón la señora CSI chilena?
En la contraparte habla una criminóloga mucho más sagaz. Doris Cooper, una eminencia en el estudio criminológico nacional, que trabaja en la Universidad de la República (ojo, no es de la república, para quienes no la conocen, es completamente privada) quien dice: "Los pedófilos son depredadores sexuales, que actúan por instinto y que, por tanto, jamás sanan". Con esto ya queda más que claro el asunto al que nos referimos. No hablamos de un estafador, de un lanza, o de un asesino drogadicto que por más malo que sea puede tener por derecho una segunda oportunidad, hablamos de un ser completamente enfermo, un tipo (o tipa, también las hay) que debería estar en una clínica psiquiátrica con tratamiento de por vida. Pero en Chile no hay cárceles hospitales que puedan retener con el debido tratamiento (que me parece un privilegio inusual) a estos criminales. Entonces, el brazalete es lo más real para controlar y amedrentar a una persona que debe ser controlada y amedrentada de por vida. Y si a alguien aún le da vuelta la idea de castrar a estos enfermos para que no sigan delinquen, ella asegura: "La castración carece de efecto, porque el instinto de atracción sexual hacia los niños radica en el cerebro". O sea, si el criminal no tiene sus instrumentos vejatorios, seguirá haciendo lo suyo de alguna otra manera, que de solo pensarla ya produce náuseas.
El asunto es obvio. Los derechos de una persona no pueden vulnerarse, pero en este caso el uso de los brazaletes para rastrear no vulnera ninguno pues es como si el pedófilo siguiera en cárcel privado de libertad y ese derecho, el de la libertad, en este país puede vulnerarse si es necesario. Y no es justo, acaso, que la sociedad se dé el derecho a vulnerar un derecho de una persona peligrosa para la misma? Y dónde queda el derecho a vivir en paz y seguridad de la sociedad que debe cargar con el pedófilo? A mí no me parece que quede discusión es esto. Hay que tener bajo la mira eternamente a un pedófilo tan asqueroso como el fugado Zacarach. Hay que tener bajo la mira a todos los condenados por esos delitos. Total, ellos se han ganado el derecho a ser criminales enfermos sin derecho a una segunda oportunidad.

2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo contigo Ursula.
    Criminales tan perversos como este deberían estar encerrados de por vida o con este famoso aparatito...pero deberíamos ponerle uno también a escorias como el Mamo Contreras, Alvaro Corbalan, y otros que aún siguen gozando de sus cárceles de alta comodidad!!!
    Para que toda la gente se aparte de ellos o se les pueda identificar cuando quieren prepetrar sus delitos de lesa humanidad. Dementes así no pueden andar por las calles...(y que me perdonen los dementes por la comparación, ellos sueñan con los designios de los dioses).
    Un beso, y oajlá te des una vuelta por mi blog!!)
    René

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  2. Si la cuestión está clara. Espero que sea solo tiempo el que falte para que una medida así se ponga en marcha. Por supuesto que daré una vuelta por tu blog.
    Muchas gracias!

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