28 diciembre 2006

Pequeña historia de cómo estuve atrapada en el mundo de los muertos y volví para contarlo

Hora, seis de la tarde. Estoy por primera vez recorriendo el Cementerio Católico. Sus laberintos se asemejan más a una universidad. Algo así como la universidad de los muertos. Pulcros nichos se apilan por las altas paredes custodiados en ceremonial silencio por diversas esculturas de crucifijos, vírgenes y piedades de expresiones tan patéticas que lo menos que siento es sobrecojimiento religioso. Hay algo de morboso en la manera de representar a la muerte, ganas de sufrir más sabiendo que ya es irrebocable. Me pongo a tomar fotografías con la pequeña cámara de mi celular; intento retratar la frialdad del sitio para que cuando vuelva a casa pueda recordar la sensación. Que ilusa yo, hay cosas que jamás se olvidan. Ya es bastante tarde y tengo que irme pero apenas he dado un paseo y tengo ganas de conocer bien el cementerio. Me doy cuenta que solo hay gente respetable enterrada, nada de paganidades como en el general. No tengo idea de qué hora es, pero sé que ya no debo estar ahí. Bueno, otro día vuelvo con más tiempo. Camino a la puerta, miro atrás, la turbia luz de la tarde salpica y se cuela entre los pórticos arqueados. Miro adelante. Paro. Han cerrado la reja. No me preocupo, si grito me escuchará el guardia, porque tiene que haber uno. Error, diez minutos vociferando alós y nadie viene. No hay guardia, rondín ni perros que me ladren, este lugar queda absolutamente despoblado cuando es la hora de cierre. excepto por los muertos. Comienzo a idear planes de salvamento mientras insisto "No estoy muerta y quiero salir!". De una manera u otra llego a la idea de que quizás deba pasar la noche en el cementerio, cosa que no me hace mucha gracia pero tampoco me asusta. Me digo como consuelo "hay que temer a los vivos, solo ellos hacen daño" pero saber que no traje nada para abrigarme, que me quedan un par de cigarros y que tengo hambre le quita toda la emoción a lo gótico de dormir entre los nichos. Llamo a mi hermano que se encuentra cerca para que pueda ayudarme y se muere de la risa, "está bien, voy para allá, diré que quiero sacar a mi hermana del cementerio, si me creen que estás viva". Algo es algo. Espero. De pronto suena la reja de la calle y veo que alguien viene entrando. Qué suerte, ha llegado el guardia. Un hombre mediano de cabeza rapada que carga un bolso se da cuenta de la inesperada visita. Parece que tanto contacto con muertos le ha quitado su capacidad de asombro pues se ve completamente apático al explicarle yo la situación. "Yo no soy guardia de aquí" me dice "solo vine a dejar unas cosas y me voy. Y yo no tengo llaves". Plop. Llega justo mi hermano y le oigo decir al guardia exactamente lo que me dijo por teléfono. El guardia se retira a no sé donde y pienso que conmigo desde adentro y mi hermano desde afuera hay más presión sobre él para que haga algo por sacarme de ahí. Espero. Sí, hay algo de morboso en querer visitar los cementerios a modo turístico. Ya ha pasado más de una hora y me he imaginado de noche, acurrucada contra una de las paredes a los pies de cientas tumbas intentando conciliar el sueño. Estoy presa en el mundo de los muertos. Ojalá no signifique nada augurador. Vuelve el guardia completamente molesto trayendo un manojo de llaves en la mano. "Esperemos que sean estas, porque no hay más". Se encarama en la reja para abrir los candados. El primero cede. El segundo también. Abre la reja y salgo agradeciendo al hombre, quien no emite palabra alguna. En la calle me espera mi hermano a carcajada limpia. "Has resucitado de entre los muertos" me dice, "Y aparte de Jesús, nadie más puede contar esto".

4 comentarios:

  1. Ojalá pueda pronto traspasar el umbral de aquella puerta, con un ser querido esperándome afuera, tendiéndome su mano.
    Besos!
    Te kero 1000 =^-^=

    ResponderEliminar
  2. A pesar de lo tetrico, encuentro genial lo que te ha pasado. Además está tan bien descrito que puedo ver tu expresión al quedar ahí dentro. Yo estaría "muerta" de miedo pero veo que tu eres fuerte y no perdiste la calma. Ursula, me encanta como escribes...
    saludos y abrazos
    antonella

    ResponderEliminar
  3. Digno de un guion hollywoodense Ursula,fuera de broma, podríamos estar en presencia de una resurrección en potencia de la poeta ante los ojos del mundo esquivo y vociferante.

    Habría que tomarlo como una señal positiva no crees!!!,mal que mal es una anécdota de la que seguramente se enteraran tus nietos.

    El hecho mas escalofriante habria sido quedarse sin cigarros, que horrible!!(benditas adicciones).

    Saludos y suerte en este nuevo año.

    ResponderEliminar
  4. Ursula es bueno saber k podemos sin esperarlo kedarnos entre los muertos...klaro k kon buena dosis de cigarrillos y en mi caso..con un buen mosto. Al igual k tu hermano me hubiese kagao de la risa, de la situación.
    Por otro lado, kisiera saludarte afectuosamente, cariñosamente, apasionadamente, con harta mente, deseandote lo mejor para este nuevo año y dandole las gracias al viejo año k nos dejo x haberse llevado a la "cosa".

    Salud y Libertad.

    ResponderEliminar