26 diciembre 2006

Gabriela quiso vivir en Valparaíso

Aquí va un interesante artículo que extraí del diario El Día de la IV Región. Que lo disfruten mucho.

Gabriela quiso vivir en Valparaíso

Galvarino Peralta

El 10 de diciembre, fecha en la que Gabriela Mistral recibió el Premio Nobel de Literatura, me trae a la memoria varios hechos relacionados con una dedicatoria y con el interés de la poetisa de vivir en Valparaíso, según lo manifestó en su último viaje a Chile. Todo empezó un domingo. Mi hermano mayor me invitó a conocer el Hipódromo de Peñuelas, donde por “niñería” jugué a un caballo, sin saber que éste que corría en Santiago, para sorpresa mía, me hizo ganador de un pequeño premio en dinero. Fue mi primera y única experiencia en la hípica. Recibido el premio, opté por pasar a la Librería Ariel y compré tres libros de autores chilenos, entre ellos el “Niño que enloqueció de amor” de Eduardo Barrios. En esos días La Serena se preparaba para recibir la visita de Gabriela Mistral, después de muchos años de ausencia del país. En el itinerario de su gira se incluyó un viaje al interior del valle de Elqui. Un día antes de su vuelta a Santiago, un amigo liceano nos propuso, a varios condiscípulos, que fuéramos al Hotel de Turismo y dejáramos un libro para que la poetisa nos escribiera un autógrafo. Recordé que en el libro el “Niño que enloqueció de amor” había un poema de Gabriela. Procedí a tomarlo y junto a los demás compañeros de curso llevamos nuestros libros a ese hotel. Al día siguiente fuimos a retirarlos. La secretaria, Doris Dana, tuvo la buena ocurrencia de sugerirnos que esperáramos a la Premio Nobel, pues saldría luego. Así lo hicimos y tuvimos el privilegio de saludarla de mano. Esa impresión no se me ha borrado en el tiempo: La vi muy alta e imponente, toda de gris desde la cabeza a los pies, incluso sus ojos verdes que habían palidecido con los años. De vuelta a mi hogar leí la siguiente dedicatoria: “A Galvarino Peralta, deseando verlo por esta casa a mi vuelta de Valparaíso. G.M. Gabriela”. Pasada la adolescencia valoricé el contenido de esta corta frase, pero de tan significativa importancia; sin embargo, me surgieron varias interrogantes: ¿Correspondería la escritura a la poetisa o a su secretaría? ¿Por qué la invitación a su casa? Y ¿por qué se concretaría el encuentro a “su vuelta a Valparaíso”? La primera duda fue esclarecida por un experto en manuscritos de la poetisa. La segunda la interpreté asociando el alcance de mi apellido con el de la escritora de Elqui, María Isabel Peralta, a quien Gabriela escribió el prólogo de su libro póstumo, “Caravana parda”. Sin embargo, sobre la tercera interrogante no tuve respuesta durante muchos años, hasta que un día por azar y cuando ya estaba en el rango de adulto mayor me prestaron un ejemplar del diario La Unión de Valparaíso, del 7 de septiembre de 1954, que daba noticias sobre la llegada de la poetisa al país. En un párrafo destacado transcribía las siguientes palabras de Gabriela Mistral, dichas desde los balcones de la intendencia, al saludar el pueblo de Valparaíso mientras sus verdes ojos posaban su vista, alternativamente sobre la multitud y la bahía: “Yo espero volver pronto y descansar entre ustedes. Y terminar algunos trabajos entre ustedes, a la orilla de ese gran padre y compañero que es el mar que Dios nos ha dado”. Hoy me produce mucho agrado tener esa invitación de la poetisa. No obstante, igual sigo preguntándome: ¿Por qué jugué a los caballos siendo niño, si nunca más lo he vuelto a hacer?, ¿por qué invertí todo el dinero en comprar libros, entre ellos el que tenía un poema de Gabriela? ¿Por qué mi interés en un autógrafo, si no los coleccionaba? Lamentablemente, la enfermedad que atacaba a nuestra poetisa se acentuó y su muerte le impidió volver a Valparaíso, donde se radicaría. Sin embargo, aun cuando no tuve el privilegio de visitarla, esas palabras me producen la sensación de haber tenido un acercamiento incorpóreo con ella, y eso es más que suficiente.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario