02 noviembre 2006

Serie Pecados Capitales: LA ENVIDIA

Te deseo...
Texto por Úrsula Starke. Ilustración "Envy", Bárbara Starke (r).


La envidia oxida. Alimenta. Transforma en gusanos sebosos consumiendo el excremento podrido del otro.


Cuando se padece de un complejo de inferioridad invalidante y la autoestima habita en las profundidades abisales, la necesidad de encontrar un culpable para la falta absoluta de talento hace copular con el dios del odio. Y de dicho encuentro nace el feto deforme de la envidia. El nuevo hijo a criar.

La envidia posee por completo, sin permitir que nada se salve ante tal corroción. Se mira al otro en masturbación obsesiva: su vida, su belleza, su inteligencia, su manera de hablar, su capacidad, el color de su pelo... todo es sinónimo de deseo. Envidiar al otro es acariciar al otro, es manosear al otro, es anhelar su postura y perfección al tiempo que se va tornando en una divinidad extrema.

La envidia es sexual. Contiene la culpabilidad del erotismo prohibido. La culpabilidad de encontrar orgasmos en el otro cada vez se observa su dicha. Y la imposibilidad de concretar el encuentro sexual tan deseado -y tan dormido en el subconciente- con el envidiado, promueve la rabia y la impotencia, que desencadenadas en un interminable espiral de acciones negativas y vengativas, suple el placer ansiado.




"Bienaventurados los envidiados, porque de ellos será el deleite de la superioridad"

1 comentario:

  1. hace tiempo que no te comentaba pero no por ello no leía.

    saludos

    masque nu

    pd: =) no creo que lo sientas, pero si llegara a pasar no te veas en la necesidad de responder a este post.

    pd2: hecho de menos la poesía en vivo.

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